Del Leviathan del Cambio Climático a un Nuevo Acuerdo con la Naturaleza
- katherinabach
- Sep 18, 2022
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Cómo es posible que todavía neguemos el calentamiento global. Cada día me asombro más de nuestra incapacidad de aceptar que es una realidad, y además que hemos sido absolutamente incompetentes en el momento de tomar decisiones y actuar para buscar revertir los hechos o por lo menos, en este momento de la vida, de minimizar los efectos del mismo.
Es aterrador, como ya desde los años 90 se venía venir la hecatombe y por más que se trataron de hacer esfuerzos infrahumanos para convencer a los países sobre lo que se aproximaba, casi nadie hizo nada para evitarlo. Surgió el Protocolo de Kyoto y hoy en día seguimos pensando en él y cómo implementarlo.
Se buscaron acercamientos políticos; se trató de negociar; se gastaron miles de horas en búsqueda de acuerdos, algunos de ellos con sentido, pero otros sin realmente tener la voluntad de convertirlos en realidad.
Ya no podemos seguir juzgando a Greta Thunberg por sus anhelos de cambio. Ni podemos desconocer que existen personas comprometidas como Christiana Figueres o Anders Wjikman, como tantas otras, dispuestas a negociar y a buscar consensos. Incluso algunos gobernantes dispuestos a crear políticas públicas encaminadas a solucionar esta gran catástrofe para la humanidad. Y sí, soy una persona por lo general optimista, pero eso no quiere decir que no vea el Leviathan (como monstruo desde el contexto bíblico) y no desde el contexto filosófico de Hobbes, que se nos aproxima y no tenemos ya ni la voluntad, ni las energías para afrontarlo. Un monstruo de unas dimensiones desconocidas (porque la ciencia climática es aproximada, no es exacta y depende de tantos factores, muchos de ellos desconocidos) que la incertidumbre es lo que nos domina y lo que va a dominar a la humanidad en las próximas décadas.
Hasta donde la estupidez humana de actuar! Hasta donde la incapacidad de generar resultados en el corto plazo; hasta dónde la incredulidad, la falta de compromiso y la arrogancia en la negociación.
Fui testigo, como miembro negociador del Gobierno Colombiano ante la UNFCCC, en el 2006, sobre la imposibilidad absoluta de llegar a consensos que no dependieran sino de un solo factor: la supervivencia de la humanidad y de las demás especies y reinos de la naturaleza. Pero la arrogancia de algunos países, que vinculaban los acuerdos a negociaciones de otra índole, que ni siquiera tenían que ver con el calentamiento global, o la transferencia de tecnologías que mitigarán o evitaran lo que hoy en día esta sucediendo, es una perfecta vergüenza, y además una manifestación de la falta de sensibilidad humana en cuanto a la solución de problemas colectivos que vayan mas allá de las fronteras entre los países.
No quiero desconocer el trabajo de muchos, personas naturales, NGOs, líderes ambientales o negociadores que incansablemente han tratado de llegar a acuerdos y dar lo mejor de sí para contribuir con la sociedad. Pero seamos sinceros: unos pocos no pueden lograr lo que a TODOS nos corresponde.
Me he cuestionado permanentemente, de donde sale semejante incapacidad de la humanidad de actuar, incluso sabiendo que su propia existencia está en peligro. He buscado en estudios de psicólogos; sociólogos; he tratado de ahondar en documentos explicativos del análisis del funcionamiento del cerebro y de la ejecución de las acciones encaminadas a solucionar este tipo de problemas. (Y esto se aplica no sólo al cambio climático, también a la pobreza; degradación de los ecosistemas, violencia, modelos de desarrollo económico y satisfacción de las necesidades básicas de los seres humanos). Las conclusiones son alarmantes: no hay explicación… sólo hay teorías que podrían aplicarse a nuestras inacciones, como por ejemplo la tendencia del cerebro a no querer asumir riesgos que generen un mayor consumo de energía, y por eso nos quedamos en la zona de confort. Otras relacionadas con la poca existencia que los humanos llevamos sobre la tierra, lo que nos impide tomar decisiones rápidas; o finalmente, porque simplemente no vemos el calentamiento global y sus implicaciones como un riesgo inmediato, y por eso no actuamos. Debemos buscar la respuesta en el análisis antropológico? O tal vez en la neurociencia o la neuropsicología?
Para mí, el gran problema de la falta de acción radica en la incapacidad de sentir, a la falta de compasión por los demás y la desconexión de los individuos con la naturaleza. Ya no nos sentimos humanos y mucho menos, parte de los ecosistemas.
La sequía por la cual atraviesa el mundo no tiene antecedentes. Y mucho menos, las inundaciones extremas, cómo en caso de Pakistán, en donde ya hay más de 1500 fallecidos, 330 mil desplazados, y 33 millones de personas afectadas, sin contar las consecuencias como la falta de abastecimiento de alimentos, la pérdida de las cosechas, el aumento de la pobreza absoluta, el impedimento al acceso a la educación, y las enfermedades.
Y qué decir de Europa y China en donde las sequías han sido las peores, desde que se tienen registros climáticos. El Norte de la China no tiene agua (ni para cultivos, ni para consumo humano). Las decisiones para solucionar este problema han sido alarmantes: bombear agua desde el sur hacia el norte de la China; abusar de las reservas subterráneas, cada vez mas profundas y manipular genéticamente las semillas para controlar los cultivos.
Y en Europa, la sequía por la que ha atravesado Italia (El Río Po, el más importante para el transporte fluvial y la agricultura); el Rin en Alemania, y tantos otros, sumados a los incendios forestales no tiene antecedentes.
Las sequías no solo generan pérdidas en la agricultura y por ende, en el abastecimiento de alimentos, sino también en el transporte y suministro de materias primas, insumos, maquinaria, y transporte en general. La sequía además debilita la generación de energía “relativamente limpia” como la de las hidroeléctricas, y esto a su vez repercute en el suministro de aire acondicionado, electricidad y prestación de servicios básicos. La sequía implica la reconsideración de la generación nuclear y el aumento del suministro de energía derivada del carbón. Y esto sin sumar, las implicaciones de la falta de suministro de gas por Rusia, y el aumento en el consumo energético en el invierno, lo que incrementará aún mas la emisión de gases de efecto invernadero: es decir el cambio climático.
Es por eso que la única manera de combatir el Leviathan como monstruo incontrolable del calentamiento global, es replanteando el Leviathan de Hobbes, entendido como una entidad política (nacional o internacional) que nos saque o nos solucione los requerimientos necesarios para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Ese contrato social, debe volver a su esencia y debe ser un contrato que traspase las fronteras de lo político y se base en las realidades de la naturaleza.
Es el momento de replantear a Hobbes y la necesidad de llegar a un acuerdo entre los seres humanos y los ecosistemas. No podemos esperar más, a que las instituciones asuman la responsabilidad de nuestras acciones y deleguemos a aquellas en seres humanos con incapacidad de actuar.
Porque al final, la responsabilidad es compartida entre todos, pero es una responsabilidad con la vida, y con el futuro de la humanidad.
Qué estamos esperando para comenzar?





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